Tomado de: Integridad y Saliburia
Lucas 12:13-23
Hoy comenzamos una nueva serie de escritos titulada: "La mundanalidad cristiana de nuestros días". En ella veremos qué tan distanciada está la interpretación que hoy el pueblo de Dios hace al término "mundanalidad". En muchos casos es visto como algo tan lejano y en ocasiones está tan cerca nuestro que no nos percatamos de que: Nuestros pensamientos, deseos y anhelos giran entorno a ella.
Un día Jesús iba caminando por las calles enseñando como solía hacer y de repente se le acerca alguien de la multitud y le dice: “Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo”. Jesús acaba de enseñar diciendo:
12:6-9, “¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Y sin embargo, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. 7Es más, aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos. 8 Y os digo, que a todo el que me confiese delante de los hombres, el Hijo del Hombre le confesará también ante los ángeles de Dios; 9 pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios”.
Jesús acababa de enseñar acerca de la necesidad de no preocuparnos por el mañana, porque Dios cuida de nosotros y este hombre hace caso omiso a sus enseñanzas y le interrumpe para preguntarle algo acerca de este mundo temporal. De todas las preguntas que pudo haberle hecho a Cristo, él elige una pregunta o una petición completamente superficial, temporal e incongruente con lo que Jesús acaba de enseñar... dile a mi hermano que divida la herencia conmigo. Es increíble que podamos tener a Dios en medio nuestro y en vez de preguntarle por algo que tenga que ver con el reino de los cielos, este hombre decide preguntarle a Jesús acerca de las cosas del reino de los hombres.
Esta generación no es diferente. Lo sabemos cuando escuchamos las oraciones de los creyentes, porque la mayoría de las veces en oración, las cosas por las cuales estamos pidiendo son cosas materiales o temporales: un trabajo, un viaje, un novio, un esposo, un carro, dinero etc. En lugar de pedir cosas como sabiduría, propósito, santidad, una mejor relación con Dios; amor por Su palabra, amor por Su causa, etc., preferimos pedir por lo terrenal más que por aquello que tiene un valor eterno.
Esa tendencia de enfocarnos en lo material ha infiltrado la iglesia hasta el punto que antes la gente en la iglesia pedía por santidad; por poder de lo alto para realizar su voluntad; por gracia para perdonar; sin embargo, hoy en día, la iglesia vive enfrascada en pedir dinero como si la vida de la iglesia consistiera en la adquisición de lo material.
El hombre en la historia, le pide a Jesús que le diga a su hermano que divida la herencia con él. Y probablemente lo hizo porque era costumbre en esa época pedirles a los rabíes que intervinieran en asuntos de esa naturaleza. Este era el nivel de preocupación de este hombre. ¿Sabes por qué? Porque este hombre estaba apegado a las cosas de este mundo. Este hombre tenía una mente mundana. La palabra mundanalidad ha sido definida como “el apego a las cosas de este mundo”. De manera que de acuerdo al diccionario, todo el mundo que está preocupado por las cosas de este mundo es un mundano. No nos gusta pensar de esa manera porque para nosotros un mundano es alguien que se embriaga; que usa drogas; que tiene mujeres o cosas similares. Pero ya eso es depravación. La definición de mundanalidad es el deseo, el amor, el apego a las cosas pasajeras de este mundo temporal.
Vivir preocupados por las cosas de este mundo no es típico de aquellos que realmente conocen a Dios. Si sigues leyendo el texto de hoy descubres que Cristo usó la intromisión de este hombre para enseñarles acerca de las cosas que realmente valen en la vida. Y termina diciéndoles que realmente son los gentiles; los paganos; los incrédulos; los que no conocen a Dios quienes se preocupan por estas cosas. Si continuamos leyendo hasta terminar el capítulo, nos percataremos de que Cristo con esta parábola está haciendo un gran énfasis en la necesidad de no vivir preocupados y ansiosos por las cosas materiales y ni siquiera por nuestro sustento. Jesús nos invita a contemplar como el Padre cuida, sustenta y embellece la naturaleza de una manera que ni Salomón pudo hacerlo. Cuando nos preocupamos por cosas temporales, Jesús nos llama “hombre de poca fe “en el v.28. Si hoy vives afanado por lo que vas a comer, a beber o a vestir en el día de mañana, entonces tu mente está en este mundo y no el venidero.
Oramos a Dios para que las vidas de cada uno de sus hijos vivan con la mirada puesta en Él y sólo en Él; de manera que todo el ruido que nos rodea sea opacado por su voz, su luz y el deseo de honrarle en todo lo que hacemos, pensamos o decimos. En el siguiente escrito podremos ver "En qué consiste la vida realmente".
En el escrito anterior vimos como Lucas 12:13-23 nos relata que desde la multitud que rodeaba a Jesús una persona se le acercó para pedirle que intercediera en la división de una herencia entre él y su hermano. ¿Teniendo cosas tan importantes qué preguntarle al Maestro, esta persona eligió pedirle interceder por la división de una herencia? ¿Conocía este hombre el verdadero valor de la vida? Veamos en esta segunda y última parte, qué le contestó Jesús y qué enseñanza nos deja.
La Mundanalidad Cristiana (Segunda Parte)
Lucas 12:13-23
¿En qué consiste la vida realmente?
Jesús aprovechó la ocasión para enseñar en qué consiste realmente la vida y en qué no consiste: “Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes”, (V15).
La palabra para avaricia en el original es un término que se aplica a aquellos que siempre quieren más de lo que tienen; que quieren gastar más en placeres y lujos; que desean posesiones, fama y poder.
La palabra para avaricia en el original es un término que se aplica a aquellos que siempre quieren más de lo que tienen; que quieren gastar más en placeres y lujos; que desean posesiones, fama y poder.
Para responder a la interrogante sobre en qué consiste la vida, Cristo les cuenta una parábola; y en la parábola, El les habla de un hombre rico, cuya tierra produjo tanto que tuvo que derribar sus graneros para construir otros más grandes. El hombre de la historia pensó, todo eso para mí, y agrega el texto que luego de construir sus graneros, el hombre diría. V.19, “"Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete."
Para este hombre rico, la vida consistía en comer, beber y divertirse. Pero el veredicto de Cristo fue este: le llamó necio. El necio en el contexto bíblico es alguien sin entendimiento, cerrado y descarriado. De manera que cuando la vida de alguien se circunscribe a comer, beber y divertirse, la Biblia considera a ese hombre como alguien a quien le falta entendimiento, alguien cerrado de mente, y alguien que está viviendo de manera descarriada. Lamentablemente esa es la filosofía de la vida de esta generación.
La misma filosofía de Salomón cuando se apartó de los caminos del Señor. La cual vemos reflejada en Eclesiastés 8:15 “Por tanto yo alabé el placer, porque no hay nada bueno para el hombre bajo el sol sino comer, beber y divertirse, y esto le acompañará en sus afanes en los días de su vida que Dios le haya dado bajo el sol”.
Lamentablemente, la mundanalidad es la característica #1 de nuestros días. Sin embargo, la mundanalidad no es nueva, desde que el hombre es hombre ha habido personas que profesan un amor por las cosas de este mundo caído y que disfrutan siendo mundanos.
Charles Spurgeon 150 años atrás señaló: “La razón por la que la iglesia tiene tan poca influencia sobre el mundo es porque el mundo tiene demasiada influencia sobre la iglesia”. El problema es que cuando la iglesia resulta infectada del mismo virus del materialismo que el mundo, la iglesia no se puede percatar de que está enferma.
“No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.16 Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no provienen del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:15-16).
¿Qué nos está diciendo Juan?
En primer lugar, Juan nos dice: No améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo. Esta expresión se refiere a dos cosas: 1) Que no amemos las formas y corrientes de pensamientos prevalecientes en cada una de las generaciones a través de las cuales el hombre ha vivido. Y que tampoco amemos las cosas de este mundo ¿Cuales cosas? Todas las que califican como cosas que cuando tú mueras no tendrán ningún valor eterno y que al morir se convierten en cosas eternamente inservibles.
En segundo lugar, Juan nos dice que si alguno ama al mundo el amor del Padre no está en él.
Esto que Juan dice es ofensivo porque de ser así, y lo es, porque es la palabra de Dios que lo afirma, entonces, esto implica, que hay una enorme cantidad de personas que no aman a Dios; pero sí que se aman a sí mismo. De hecho, si estamos viviendo en los últimos tiempos y posiblemente lo estamos, esta sería una de las características de esos tiempos. Mira como Pablo comienza a definir los hombres de los últimos días antes de la venida del Señor en 2 Timoteo 3:2-4 “Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios”.
En tercer lugar, Juan dice que todo lo que hay en el mundo no procede del padre, sino del mundo. Las cosas temporales del mundo que continuamente deseamos, y que una vez que las tenemos, las queremos cambiar. Esas cosas y esos deseos no provienen del Padre.
El Señor nos dice en Su Palabra; que no debemos amar las cosas de este mundo. En Hebreos 12:2 se nos exhorta a vivir una vida con nuestra mirada puesta en Jesús.
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